¿Oír bien y escuchar mal? ¡Tomatis la solución para una mala escucha!

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Por años hemos usado el término escuchar como sinónimo del simple acto fisiológico de oír. Pero no, oír y escuchar no son lo mismo. Ambas palabras significan actitudes sumamente diferentes, y comprender esta desigualdad es determinante para el correcto funcionamiento emocional y cognitivo.

Es posible oír bien y escuchar mal, aunque parezca algo extraño y confuso. Se dice que “la escucha está alterada” cuando el mensaje sonoro llega correctamente a los oídos, pero la información no es analizada por el cerebro.

“Oír es una acción pasiva que se ubica dentro del territorio de la sensación, mientras que escuchar es un proceso activo que se ubica dentro del territorio de la percepción. Los dos son totalmente diferentes”, explicaba Alfred Tomatis, otorrinolaringólogo y creador del método de estimulación neuroauditivo con su mismo nombre.

Cuando oímos el ruido del transporte o el cantar de los pájaros, lo hacemos únicamente con nuestro canal auditivo. En cambio, cuando escuchamos una conversación, una conferencia o una clase, utilizamos todos nuestros sentidos para percibir el mensaje, además de involucrar otras funciones cognitivas, como la atención y razonamiento. El cerebro trabaja.

En conclusión, todo aquello que emite un sonido a nuestro alrededor es oído, pero no todo es escuchado. Puesto que esta acción suele ser un acto voluntario, que requiere la motivación del individuo para ser realizado.

Sin embargo, existen ocasiones en las que involuntariamente, dejamos de escuchar y nos limitamos a oír. A esto se le conoce como “barrera o bloqueo auditiva”. Sucede principalmente por un trauma emocional, que conlleva a restringir ciertos registros sonoros que rememoran el mal momento.

Pero, escuchar es sumamente importante para el desarrollo adecuado de decenas de funciones académicas y sociales. Según investigaciones, el 55% del tiempo que dedicamos a comunicarnos, es para escuchar. Recibimos más información de la que transmitimos, por lo que restringir su funcionamiento genera una gran cantidad de trastornos.

“Cuando el oír da paso a escuchar, la conciencia de uno se aumenta, la voluntad se activa, y todos los aspectos de nuestro ser se involucran al mismo tiempo. La concentración y la memoria, nuestra inmensa memoria, son testimonios de nuestra habilidad de escuchar”, enumera el creador de Tomatis.

Sin embargo, si el proceso de escuchar es interrumpido, la situación se revierte perjudicialmente. Además, la depresión, ansiedad, estrés, aislamiento social, entre otros problemas emocionales aparecen. Los trastornos de lenguaje y equilibrio son otra consecuencia.

El Método Tomatis es una solución efectiva para los problemas de escucha y sus efectos. Este tratamiento rehabilita las falencias del registro sonoro, reactivando el análisis de las frecuencias suprimidas involuntariamente. De esta forma, pone en marcha el desarrollo personal e intelectual que anteriormente se suspendió.

A través de diversas sesiones, con aparatos especializados y de alta tecnología, se trasmite un sonido previamente tratado, utilizando como canal auditivo, la conducción ósea en la parte superior del cráneo y la aérea, por el pabellón de la oreja. El fin es estimular el cerebro de manera integral, para aumentar su actividad y dinamismo, entre otros.

Finalmente y con la aplicación del método, la acción de oír y escuchar alcanza su integración perfecta y complementaria.

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